Ladrillo ‘high tech’: 5 revoluciones tecnológicas que están llegando al sector inmobiliario

Gracias a las innovaciones tecnológicas surgidas en otros campos, la construcción está intentando ampliar sus horizontes. Recopilamos las principales revoluciones llamadas a hacer avanzar un sector que, estancado durante la crisis, ahora busca continuar creciendo.

  1. ‘Big data’ para ajustar los precios

El sector de la construcción cada vez está haciendo un uso más amplio del ‘big data’, el análisis de grandes cantidades de datos, para definir mejor las necesidades de los clientes y las distintas posibilidades constructivas.

Un ejemplo de ello es la plataforma Tercero B, participada por idealista, que permite valorar cualquier propiedad cruzando los datos obtenidos de fuentes tan diversas como el Ministerio de Fomento, el Colegio Oficial de Registradores, el Instituto Nacional de Estadística, el catastro y los portales inmobiliarios. Estos indicadores permiten saber qué tipo de vivienda se vende y por qué cantidad, lo que ayuda a establecer el precio de los nuevos inmuebles que se ponen a la venta o alquiler en función de la demanda y del resto de la competencia.

  1. Impresión 3D para construir con materiales alternativos

Las impresoras 3D ya llevan unos años integradas en el sector de la construcción, facilitando la labor de los arquitectos que las han utilizado para imprimir maquetas cada vez más detalladas en un plazo menor de tiempo. Hasta en la Sagrada Familia las utilizan para concluir la obra de Gaudí. Sin embargo, su valor para el sector no se queda en la fase del diseño, sino que progresivamente están siendo empleadas para imprimir detalles de edificios e incluso las construcciones completas.

De hecho, ya hay varias empresas especializadas en la impresión de materiales en 3D. Una de ellas es Emerging Objects, un ‘think tank’ arquitectónico estadounidense que utiliza el chocolate, la madera, el papel reciclado, el nailon o la sal para imprimir construcciones que resistan el paso del tiempo.  Este mismo año, el proyecto WASP presentó la Big Delta, una impresora 3D capaz de construir una casa en una semana usando agua, heno seco y rocas.

  1. Firmas electrónicas para acelerar los procesos

Reducir los plazos de las transacciones inmobiliarias y hacer que los procesos sean más seguros son algunas ventajas de la utilización de la firma electrónica. La compañía Signaturit ofrece una solución destinada a cumplir los máximos niveles legales mientras reduce a unos pocos días la venta de una vivienda. Además, que el proceso sea electrónico también busca reducir los costes operacionales y desterrar, casi completamente, el uso del papel.

Un paso más allá, los contratos inteligentes (‘smart contracts’) funcionan como un programa que vincula a ambas partes: cuando ciertas condiciones se cumplan, el ‘software’ se encargará de ejecutar lo acordado (por ejemplo, se pagará a la tienda cuando se reciba el producto). En España, la ‘startup’ Clluc es una de las primeras compañías dedicadas a este negocio incipiente que, cuando termine de fraguarse, podrá asegurar y digitalizar muchas operaciones.

  1. Drones para monitorizar las obras

Juguetitos para algunos, posibles repartidores para otros y, sin duda, robots capaces de captar los mejores planos aéreos, los drones también han llegado al sector del ladrillo. Empresas del sector privado  e incluso organismos públicos han encontrado en ellos una forma de monitorizar los trabajos de construcción en áreas poco accesibles y de inspeccionar terrenos para encontrar la mejor localización para el próximo proyecto.

Una de las primeras empresas que se ha lanzado a utilizarlos ha sido Clayco, una constructora de Chicago que ha decidido emplearlos en todas sus obras para comprobar el avance de los trabajos y asegurarse de que se cumplen las medidas de seguridad. Aunque agradecen la cantidad de datos que se pueden registrar con sus cámaras, demandan a los desarrolladores de ‘software’ más soluciones para poder analizarlos e interpretarlos.

  1. ‘Wearables’ para proteger a los trabajadores de la construcción

Los dispositivos ‘wearables’ ya controlan la calidad de nuestro sueño, monitorizan nuestra actividad deportiva e incluso nos ayudan a llevar una dieta saludable. Pero ¿y si se emplearan para algo tan importante como asegurar la seguridad de los albañiles?

Poco a poco, distintas compañías, preocupadas por la seguridad de sus empleados y con la tecnología debajo del brazo, están empezando a incorporar sensores inteligentes en las botas, los relojes, los cascos de seguridad y hasta en los arneses de los trabajadores de las obras. Estos particulares ‘wearables’ ayudan a controlar las condiciones del entorno laboral y pueden ser especialmente útiles si se produce algún accidente.

Con el chaleco Redpoint Safety Vest, por ejemplo, los empleados están permanentemente geolocalizados y pueden pedir ayuda en el caso de necesitarla. Además, la prenda les avisa cuando entran en alguna zona especialmente peligrosa. Otros ‘wearables’, como las pulseras inteligentes, contribuyen a evitar que se exceda el número de horas máximas antes de tomar un descanso y monitorizan la temperatura de los trabajadores para comprobar que no sufren un golpe de calor.

Fuente: Idealista, 21 noviembre 2016

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