Descarbonizar el ladrillo: su futuro pasa por la eficiencia y el consumo energético casi nulo

La descarbonización de la economía es uno de los grandes objetivos que se ha marcado la Unión Europea y el resto de países firmantes de los Acuerdos de Cambio Climático de París. El sector inmobiliario a nivel global es el responsable del 32% del consumo energético mundial y de una quinta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero. Gobiernos, promotores, constructores y todo aquel que use una vivienda, una oficina o un almacén tienen que concienciarse de la necesidad de lograr edificios eficientes y de consumo energético casi nulo para salvar el planeta.

El sector de la construcción y el inmobiliario, en general, es responsable de buena parte de la contaminación del planeta. El estudio del panel intergubernamental de expertos sobre cambio climático, elaborado entre 2013 y 2014, informó que el sector inmobiliario consume el 32% de la energía mundial y emite una quinta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Y esta tendencia sigue aumentando a lo largo del tiempo, tanto en emisiones directas como indirectas, es decir, aquellas que cubren el consumo eléctrico de los hogares o cómo calentamos nuestros inmuebles.

Para intentar contrarrestar estos efectos, los gobiernos de los países firmaron los Acuerdos de Cambio Climático de París en 2016 para ponerse un objetivo fundamental: limitar el aumento medio de las temperaturas a menos de dos grados centígrados con respectos a las temperaturas de la era preindustrial.

“Tenemos que descarbonizar la economía”, afirma Lara Lázaro Touza, investigadora principal de cambio climático en el Programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano. “La hoja de ruta que se ha marcado la UE a 2050 dice que el sector residencial y el sector terciario, donde enmarcamos al sector inmobiliario, tienen prácticamente que descarbonizarse de una manera total”, destaca. “A partir de 2020 todos los edificios de nueva construcción tienen que ser de consumo energético casi nulo”.

Pero, ¿en qué consiste esa descarbonización? Pues lo parte que le toca al sector inmobiliario tiene que limitar las emisiones que emite “desde el diseño del edificio hasta que te deshaces de todos los desechos que se pueden producir en la construcción y el uso de ese edificio. En realidad, es todo el ciclo de la vida de un edificio”, concreta la investigadora.

“El acuerdo internacional lo que nos dice es limitemos esas emisiones, adaptémonos a los efectos que ya están en marcha. Además, tenemos que financiar y tenemos que mejorar nuestra transferencia tecnológica”, agrega Lara Lázaro.

En la Unión Europea, todos los edificios de nueva construcción tienen que ser de consumo energético casi nulo a partir de 2020. Para los edificios públicos esa exigencia se adelanta a 2018. Cualquier reforma y rehabilitación de inmuebles también debe tener en cuenta criterios de eficiencia energética y sostenibilidad.

“Tenemos directivas a nivel europeo como normativa a nivel español. Los códigos técnicos de edificación como los distintos estándares para todo lo que utilizamos dentro de los hogares tienen que ayudar a que el consumo de esos edificios sea mínimo o nulo”, analiza la investigadores de Elcano.

Cómo reaccionan las administraciones públicas y el sector

En España, cada vez más edificios, sobre todo oficinas, van actualizándose y logrando certificados que confirman su bajo consumo y máxima eficiencia energética. Los certificados LEED, BREEAM o Passivhaus ya están trabajando por unos inmuebles más eficientes.

Sin embargo, para el sector promotor residencial español aún hay trabajo por hacer. “Haciendo autocrítica ante la necesidad que tiene nuestro sector de entrar en esa dinámica y empezar a promover y edificar viviendas sostenibles medioambientalmente creo que aún estamos siendo muy resistentes al cambio”, comenta Juan Antonio Gómez-Pintado, presidente de la Asociación de Promotores y Constructores de España (APCE).

Para José Manuel Calvo, concejal de Desarrollo Urbano Sostenible del Ayuntamiento de Madrid, la inversión pública es una de las bases para garantizar un desarrollo urbano sostenible. “El primer cambio que hay que hacer es apostar por la ciudad consolidada, que nosotros entendemos que es esencial para garantizar ese desarrollo urbano sostenible”, afirma el concejal, que se concentra en el sector de las reforma y rehabilitación de viviendas por parte de las comunidades de vecinos.

“Si somos capaces de impulsar desde las administraciones públicas un plan sostenido en el tiempo, que meta inversión en las comunidades de propietarios para que estos a su vez puedan rehabilitar, estamos convencidos de que va a dinamizar todo el sector, porque la rehabilitación es un sector rentable”, concreta el concejal para atraer a la inversión privada.

Actuar en el presente para conseguir un futuro sostenible

Los países ya trabajan en una agenda común. Los Acuerdos de París son el marco institucional que se han dado los países para encaminarse hacia una economía de bajas emisiones, es decir su descarbonización. Con el liderazgo de los gobiernos, el sector privado también tiene que acompañar en ese camino hacia una transferencia tecnológica, hacia la máxima eficiencia energética y un consumo casi nulo.

“Por el bien social, por el bien del planeta, es absolutamente necesario que estemos mentalizados y que empecemos a desarrollar un tipo de vivienda totalmente eficiente”, enfatiza Gómez-Pintado.

En los planes ya propuestos para limitar las emisiones y ese aumento de las temperaturas, 90 países ya han presentado proyectos que afectan al sector inmobiliario, que van desde la gestión de desastres naturales hasta dónde tienen que ubicarse los nuevos edificios o cómo se tienen que adaptar los municipios a un entorno con eventos climáticos más extremos y a temperaturas más altas.

“Hay muchas cosas que están pasando y hay muchas más cosas que tienen que pasar porque si queremos llegar a ese objetivo de limitar el aumento medio de las temperaturas, la descarbonización tiene que ser prácticamente total, con lo cual aún nos quedan muchos deberes por hacer”, finaliza la investigadora Lara Lázaro.

La próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático se celebrará en noviembre en Bonn (Alemania) bajo la presidencia de Fiji. En esta reunión, la COP23, se centrará en los problemas del aumento del nivel del mar y cómo poder mitigar estos efectos devastadores.

En 2018, en la COP24 de Polonia llegará la hora de pasar el examen para conocer si los países, la sociedad civil, la comunidad científica, el sector privado y todos los niveles de gobierno, incluidas ciudades y regiones, están cumpliendo con los protocolos adoptados para salvar el planeta.

Idealista, 05 septiembre 2017

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